Tutivillus
                     © Julio I. González Montañés
      
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Introducción

  Y yo os digo que de toda palabra ociosa que hablaren los hombres

 habrán de dar cuenta el día del Juicio (Mateo, 12, 36) [1]

 

   Desde finales del siglo XII aparece en los sermonarios europeos un exemplum que cuenta la historia de un diablo, al principio sin nombre pero pronto llamado Tutivillus, cuya función era anotar en un pergamino las sílabas y palabras  omitidas por los clérigos en las misas, en los rezos y en el coro, para luego presentar esas palabras olvidadas como prueba de cargo contra ellos el día del Juicio Final.

Pronto Tutivillus amplió sus funciones, encargándose también de anotar los chismorreos (ociosa verba, vaniloquia...) de los fieles en los templos –especialmente de las mujeres-. Ante el enorme número de faltas, el demonio se veía obligado a utilizar sus dientes para estirar el pergamino y poder escribir más en él, lo que en algunas versiones da lugar a una situación cómica, ya que de tanto tirar, el pergamino acababa por romperse y el diablo golpeaba con su cabeza contra un muro o contra el suelo. Algunas fuentes le adjudicaron también la labor de llevar la cuenta completa de los pecados de la humanidad para presentar sus reportes como  prueba el Último Día, y estudiosos actuales le atribuyen así mismo el rol de intentar distraer a los amanuenses en los scriptoria medievales para provocar sus errores aunque, como veremos, esa faceta no aparece mencionada claramente en los textos medievales.

Tutivillus aparece por toda Europa en la literatura medieval, especialmente en la homilética, en el teatro y en el arte. Su popularidad se extiende hasta el siglo XVII y todavía en el XVIII pueden encontrarse algunos casos en el arte.

Tanto en la literatura como en el teatro, Tutivillus actúa en ocasiones acompañado de otros demonios que incitan a los fieles a la maledicencia, distraen a los monjes y anotan faltas y pecados  que luego reportan a Tutivillus, quien los incluye en un informe general (frescos de Linden y Bäl). En la Summa Predicantium de John Bromyard, por ejemplo, aparece acompañado por Grisillus que se encarga de apuntar las palabras omitidas por los laicos mientras que Tutivillus se concentra en las de los clérigos, y en la Stanza on the Abuse of Prayer de John Audelay (c. 1426), Tutivillus incita al pecado y quien se encarga de escribir las faltas es su compañero Rofyn.

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[1] Vulgata: Dico autem vobis quoniam omne verbum otiosum quod locuti fuerint homines reddent rationem de eo in die iudicii. En España aparece desde el siglo XVII en muchas inscripciones (San Esteban de Sos, Ayuntamiento de Salmerón…) una versión en pareado castellano: "De toda palabra ociosa darán los hombres cuenta rigurosa".

 
 

Tutivillus escribiendo su pergamino (Misericordia de Ludlow, 1433-1470)

Tutivillus estirando el pergamino con los dientes (Misericordia de Ely, c. 1340)

Tutivillus y sus secuaces. Fresco de Bäl, Gotland, c. 1400